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La muerte, su casa y su ciudad. El desvanecimiento de las ciudades silentes de Cartagena

María José Muñoz Mora

Resumen

La arquitectura parece que siempre ha vivido de frente a la vida. Sin embargo, vida y muerte son dos caras de la misma moneda: no hay ciudad de los vivos sin su Eusapia o ciudad de los muertos. Lo dijo Lewis Mumford[1]en 1961: quizás las ciudades, en su origen, no fueran más que necrópolis. Y toda ciudad es, cuando menos, un conjunto de arquitecturas construidas que, en el caso de los cementerios, convocan la eternidad. No obstante, y de forma significativa, estas arquitecturas, las de las ciudades de la memoria y los cementerios han sido poco dibujadas, incluso antes de construirse. Puede que se conserven algunos planos de estas ciudades, pero poco permanece de las ‘moradas para siempre’, muchas veces réplicas a escala de la arquitectura de los vivos, influenciada por sus mismas aspiraciones.

[1]MUMFORD, L. (2012) (orig_1961). La ciudad en la historia. Sus orígenes, transformaciones y perspectivas.Logroño: Pepitas de Calabaza.


Palabras clave

Cementerios, levantamientos, moradas silentes, patrimonio

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DOI: https://doi.org/10.14198/i2.2017.6.10

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